Isla Socorro

«No corroboré la existencia de Isla Socorro hasta el sábado tres de noviembre de 2012 a las 10:43 de la mañana; instante en que pisaba puerto. Era uno de esos momentos en que daban ganas de clavar una bandera en suelo blando para proclamar como propio ese sitio

-Arturo Robles.

Treinta y seis horas en barco me hicieron sentir que otro yo se bamboleaba dentro de mí. Cuando me enteraron de que aquel mareo le llamaban mal de tierra, ya se me había ocurrido que aquéllo debía tener un nombre. 

Socorro es una isla volcánica a la que es imposible llegar si se carece de suerte.   Está custodiada por la Secretaría de Marina desde el 13 de enero de 1957 hasta esta tarde. Pertenece al archipiélago Revillagigedo, conformado por tres islas más: Roca Partida, San Benedicto y Clarión.

Si México fuese una plasta de tierra que se arrojó sobre el mundo como se hace con una bola de engrudo, este conjunto de islas serían las gotas que saltaron más lejos. Hacia el Pacífico no hay nada más lejano del continente que se siga llamando México.

Yo tuve la fortuna exótica de estar donde estaba debido a un error de cálculo de mi amigo José Antonio Soriano. Un notado fotógrafo de naturaleza, quien fue contratado por el Grupo de Conservación de islas para hacer un video del lugar.  

Descripción general

Isla Socorro es un enorme montículo volcánico en medio del mar al mismo tiempo que un trozo del pasado en medio del presente. El brevísimo contacto humano la mantiene casi virgen. Visitarla es una experiencia prehistórica. De haber encontrado un brontosaurio no hubiera desentonado en lo más mínimo. 

Al pie del forraje que alfombra la isla se extienden hectáreas móviles de cangrejos rojos. Cada uno es del tamaño del puño de un hombre corpulento. Caminar entre ellos les disgrega y da la sensación de separar en continentes una pangea naranja extendida sobre el piso.

Socorro parece escrita por Julio Verne. Tal vez por lo mismo hay un volcán activo cuyas emanaciones se reparten por el costado de la vereda que lleva hasta el cráter. El nombre del volcán es Evermann, en honor al doctor Barton Warner Evermann, director de la Academia de Ciencias en San Francisco a principios del siglo XX. Él fue el promotor más comprometido con  el análisis de la isla.

Los 14 kilómetros cuadrados de lava petrificada y el forraje que le ha crecido encima, como a los hombres les crece la barba, hacen impráctico recorrer la isla a pie, por tanto, se construyó una carretera de un solo carril que se extiende sobre una buena porción de la superficie; y si se le viera desde muy alto, parecería un enorme listón tirado.

A un costado de la carretera pueden encontrarse cavernas conocidas como tubos de lava, cuyo interior alcanza tal humedad y tal temperatura que la palabra insoportable puede ser pronunciada.

Antecedentes

Isla Socorro fue vista por primera vez en 1533, tiempo en que se rumoreaba sobre la existencia de un lugar llamado Islas de las Margaritas, cuya abundancia de perlas era legendaria.

El 30 de octubre, según Crhistian Duverger, zarpó un barco del puerto de Manzanillo, que iba al mando de Hernaldo de Grijalva. Su consigna era encontrar las Islas de las Margaritas, para lo cual se dirigió al oeste, pues era esa la dirección presupuesta. Grijalva encontró el archipiélago Revillagigedo y en la Navidad se topó con el montículo volcánico que nombró como Santo Tomás o Santo Tomé.

Duverger cuenta que después de un difícil desembarco se inicia una “cacería de antología en la que la tripulación atrapa fácilmente aves con la mano.”

No es sino hasta 1608 en que un nostálgico Martín Yañez de Armida la renombra: Isla Socorro, en honras a su esposa.

Fauna

Sobre los guayabillos de Isla Socorro se posan pericos de un verde imposible y lagartijas azules endémicas que se doran al sol sobre rocas volcánicas como aspirando a un azul más oscuro. Hay cenzontles confiados, gatos ferales que depredan a placer, aves con el insólito nombre de El saltapared y otras creaturas de nombres científicos impronunciables como el Pipilo erythrophtalmus socorroensis, ave de gran abundancia en los sectores vegetales de la isla; o la Columbina passerina socorrensis, que para fines prácticos se le suele llamar: tortolita de Socorro.

La isla es merodeada por peces de tal riqueza que se han llegado a registrar hasta 251 especies en el año 2003.

Flora

La flora es tan variada como la gama tonal de un lienzo renacentista. Hay  segmentos de vegetación en los que la tierra es fresca; los árboles crecen contorsionados, como si fuesen materia blanda emergida por algo que hizo presión desde el subsuelo. Las lianas penden y se enroscan a capricho. Existen también manchones de praderas que resultan descansos visuales desde los que se puede ver de lejos; hay pastizales, cactus,  matorral mixto y segmentos desérticos de arena roja. 

Cierre y agradecimientos

El zipper de este artículo acaba de cerrarse con un trío de agradecimientos bien colocados: el primero de ellos es al fotógrafo, José Antonio Soriano, por su invitación y su confianza. El segundo es al Grupo de conservación de islas, por incluirme en su agenda y en sus cálculos. El tercero es para la Marina Nacional, por proporcionar los medios de traslado y hospedaje.